jueves, 28 de febrero de 2013

Algo

Se repiten las imágenes, como el martilleo de un taladro. Imágenes y sensaciones. Percuten las sórdidas paredes de la cordura. otra tarde, otra soledad, otra señal.
Llega esta hora, las 17, y todos se van a tomar el té.

De pronto satélites de amor registran los pasos, silencios y momentos. De pronto nos damos cuenta, dicen aquellos que se olvidaron de morir. Que se acordaron de que era necesario bucear con sus labios el uno al otro.

Surge un coro como el final de una ola, como la espuma sacando sus garras, tratando de aferrase a la arena.

miércoles, 27 de febrero de 2013

las 7 de la tarde

Caminar cuartos vacíos, amanecidos, azules aunque se vean muy beige.

Un hombre camina desde su silla los recovecos de la tarde. Inspecciona sus rigideces, sus tensiones y siluetas. Siluetas suena a cómodo, a curvas. Sigue buscando más allá de las horas, de las olas y del Río, un segundo solo y escondido, ese segundo en dónde el mundo explota y él siga ahí, mirando como todo el paradigma se murió.

Es un hombre paciente y está decidido, necesita un cambio. Necesita ese segundo.

Otro día bajo el sol de este Ministerio


Flamean de acero,
Y un miedo líquido
Se escurre entre tus dedos.

Absurdos rombos de luz,
Conforman el filo
De una espada vacía.

Bebes el polvo
Solitario y marrón,
Es la fiebre
De las formas,
De los días
Que te va fumando.

jueves, 21 de febrero de 2013

de Santelmo a Viyurca

Es curioso el recorrido del 93. Nace en la suburbial y fabril atmósfera de Avellaneda, desgarra la ciudad en dos pedazos desparejos y muere en un jean fabricado en Munro. 
Es básicamente como todos los colectivos, aunque mantiene sus colores, y eso lo hace más digno. Mantiene sus carrocerias sucias y anacrónicas. Se baña en hollín y pasa muy desapercibido. 
No se bien porqué me resulta curioso el viaje en el 93. Quizás porque sabe que siempre voy hacia un luagr importane en él; o porque ahí, además, siempre tengo con quien dialogar.
A veces, con algún viajero del tiempo, con un periodista, una coja, con un asesino. Su luz es casi una tortura, pero no impide que yo pueda dialogar.
Hoy Augusto Remo Erdosaín se subió al bondi yendo vaya uno a saber dónde. A Remo lo tengo visto de la sociedad teosófica y le había perdido el rastro. Parecía un tipo común, con alguna que otra veta soñádora.
Me contó todas sus penas, o casi todas. Terminé de conocer la miseria. Podría decir que toqué fondo en sus relatos, en su amargura perpetua. 
Me contó que Él siempre soñó con el vacío, que se imaginó una vida que en sus tripas sabía que no era para él. Que conoció a un astrólogo en Temperley y lo va a ayudar a fundar su sociedad secreta. Mañana, Barsut, aquel de los ojos verdes y eprfil aguileño o algo así, va a morir. Y pensar en eso le cambió la vida. Y hacerlo lo volverá un alma sin Dios, un alma propia.
Atiné a decirle que no era necesario que alguien muera para volver a nacer. 
Pero su suerte está echada. Él ya jugó sus dados resignados.
Mañana Barsut será un cacho de carne que nadie va a llorar. Una revolución absurda -como tantas otras- se desatará y todos compraremos rosas metálicas. Pero Erdosaín, aún así, no será felíz.
Él ya eligió.
Y cuando alguien elige, hay que dejarlo.
Gracias al cielo, otros, tuvimos la suerte de elegir distinto.
Gracias a Don Roberto, que con su lucidez supo avisarnos a muchos que quien elige la tristeza no necesariamente será una persona triste, sino algo mucho peor, dará lástima.

Esto realmente va dedicado con total humildad a Roberto Arlt, que con sus Aguafuertes me hizo nacer como hombre y con sus 7 locos me está terminando de curtir.

Mamá sabe bien pequeña princesa, cuando regresé todo quemaba

La guitarra se hamaca
en una lágrima,
amaneció.

Volviste a buscar
la tersura de un sábado a la mañana,
ese sol perlado,
esa calle sonriente.

Volviste,
y todo quemaba.

Solo Dios sabe
si la noche fue más oscura,
si el verano es verdad.

II

una ciudad inundada,
un bote que rema sangre,
más el fuego se lleva
lo último que queda de un almacén.

III

Caer labios,
caer la inocencia
en el absurdo,
embarrarla con nudos
y roñas.

Quiero una centella
verde y naranja,
un mundo libre y en ruinas,
Nacer.


martes, 19 de febrero de 2013

Sentado en la oficina

Se desdibujan las horas,
tan prolijas sobre el reloj.

las nubes aplastadas contra el vidrio
que sostiene el cielo,
que nos separa de las estrellas y los mares.

un piano de ayer,
triste porque sí,
se lamenta en mi escritorio.

II

Un nuevo round rojo
que se licua,
duerme,
puños que flamean
entre la polvareda.

III

Ya no se puede salir,
el velo amarillo,
acartonado,
dejo que  las teclas
me fulminen hasta mañana. 

lunes, 18 de febrero de 2013

PINTALO DE NEGRO

Si, como los stones, pintalo de negro nene
asesiná cada letra y cada símbolo
viví,
que cada latido lucido
es libertad.

Estar alunizado todo el día
sin abrir los labios
perdido
en los ojos de las esquinas y las paradas del bondi.

Van varias veces en que pienso en el barrio, en las noches de verano, en el tema sisters, en la plaza san martín infestada de estrellas, en los bancos de Puerto Madero a las 5 de la matina, cuando el solo hace que río se vuelva un envoltorio de rhodesia -de los viejos, no la basura segura de ahora-, las adidas superstar negras y blancas, en las topper, en el 2º y el 4º piso del infierno, en esa terraza suicida que nos mostraba tantas cosas y a las vez nos decía que el camino era otro. 

Me envolvieron las hojas y los foliadores, el sol brilla sobre mi escritorio color nada, mi escritorio lleno de todo, de papeles, música, abrochadoras, mates, botellas, mensajes, y más papeles. Que ganas de salir loco y desnudo a dividirme* (gracias Spinetta por tu ruido de magia), renacer en la lluvia del tiempo, fundir los recuerdos con el presente.

A veces resulta solitario. Bah, siempre, el barrio está ahí, siempre ahí, pero viste cómo es, uno se va, uno viaja, uno labura y se vuelve un engranaje, con recuerdos, con manías -que te hacen distinto en la gran maquinaria del día a día- pero...

El barrio está ahí, por más que lo busque, ya no me dice lo que me dijo en aquellas noches de verano.

Así que quizás, barrio querido, sigas viviendo más allá de la asfixia, de la pintura, y Yo haré lo que pueda.

Ojalá nos veamos algún día.